A ella no le gustaba el color morado, siempre fue más del amarillo. (Jessica Jones / Netflix).

El mes de diciembre tiene esa retorcida erótica que consta de masticar cosas con trazas de frutos secos, ponerse jerseys con estampado de animales previamente domesticados por el hombre y hacer balance de todo lo que ha pasado en el año que se termina mientras tu abuela sigue boicoteando el cava catalán. Con las series no iba a ser menos, y Jessica Jones puede que sea uno de los mejores productos televisivos de su año, y eso que no ha llegado a emitirse nunca en televisión. Netflix prosigue con su empeño de no hacer nada mal, y después de lucirse con Daredevil ahora es tiempo de Jessica Jones, otro personaje de Marvel que, lejos de ser un estereotipado ser con superopoderes, consigue tal humanismo que ya lo hubiera querido para él Leonardo Da Vinci con bambas a reacción.

Krysten Ritter, prácticamente una absoluta desconocida para un cinéfilo estándar, considerando estándar un animal completista de Allen, los Coen, Malick, Fincher, Nolan o, en menor medida, los Lynch, Spielberg o Shyamalan, consigue algo muy agradable. No por ser desconocida no llega a ser brillante, ni mucho menos, y es que el papel de la protagonista parece escrito para Ritter. Y pasa lo mismo con el caso de Luke Cage, ese fortachón afroamericano de los cómics que borda Mike Colter en la producción de Netflix. Pero si algo hace que Jessica Jones pase de ser una serie buena más a un auténtico must es la existencia de Kilgrave, un villano con los poderes más temidos y potentes por cercanos y etéros a su vez, como es el de poseer la habilidad de que todo el que quiera haga sus deseos realidad, no pudiendo evitar negarse. Y ese es David Tennat, el eterno Doctor Who, el que encarna a este Kilgrave a la inglesa que más que darnos momentos de sabor de sándwich de pepino nos deleita con las kokotxas más sabrosas del Canal de La Mancha.

Y en Iniciativa Caos nos encanta relativizar el posmodernismo. Y sí, esto es más pleonasmo que madrugar temprano, pero es que a Jessica Jones, que también tiene esa retranca de heroína contemporánea abrazada a una botella del whisky más barato que encuentre, nos permite cualquier cosa por el hecho de que su mera existencia ya justifica el libre albedrío. Diego Alonso y Álex Navarro se quitan sus gafas de cerca para ponerse las de aún más cerca y hacer con Jessica Jones un análisis tan preciso como teórico, tan entretenido como intrigante, tan gato como pato. Si estamos ante la época dorada de las series y la conjugamos con el Universo Cinematográfico de Marvel, que el resultado sea este podcast tan brillante no es culpa de nadie, es algo tan natural como que el mimbre se eleve con un globo de helio.

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