Estado actual del paso a nivel de La Pilarica, con la pasarela provisional cerrada al paso. (Sergio M. Fernández / CREA).
Estado actual del paso a nivel de La Pilarica, con la pasarela provisional cerrada al paso. (Sergio M. Fernández / CREA).
“Nos sentimos aislados, abandonados”

Valladolid debe gran parte de su vida al ferrocarril. Éste supuso un gran impulso económico para la ciudad y contribuyó al crecimiento de la ciudad con barrios como Las Delicias, el primer núcleo urbano al otro lado del ‘cinturón’ que formaban las vías del tren y en el que se situaron los talleres centrales de reparación de RENFE.

Posteriormente, y a causa del éxodo rural, los barrios ‘al otro lado’ de las vías fueron aumentando, como es el caso de Los Pajarillos y La Pilarica, al norte de la ciudad. Pero desgraciadamente La Pilarica tiene una característica peculiar que lo diferencia del resto, y es que las vías no se limitan a dividir un barrio de otro, sino que en este caso también dividen por la mitad al propio barrio y, por tanto, la vida cotidiana de sus vecinos.

Hasta ahora esa barrera era menos evidente debido al paso a nivel con el que contaba el barrio y que estaba situado en la Plaza Rafael Cano, el centro neurálgico del barrio. Sin embargo, y como todos conocemos ya a estas alturas, esa vía de comunicación con el centro de la ciudad ha sido cerrada y ha dejado aislada casi por completo a la mitad del barrio.

El cierre de este paso a nivel supone que más de un millar de vecinos tengan que dar un gran rodeo para acciones tan cotidianas como ir al centro de la ciudad, llevar a sus hijos al colegio o acudir al campus universitario Miguel Delibes. En el siguiente audio podemos escuchar a Margarita García, presidenta de la Asociación de Vecinos La Pilarica, explicar  las dificultades que tienen para poder entrar y salir del barrio:

La situación actual no es muy esperanzadora: el cierre del paso a nivel es definitivo y no existe una alternativa viable para el tráfico rodado en el barrio. Si bien está prevista la realización de un túnel subterráneo 400 metros vías arriba del paso a nivel, las obras acaban de comenzar y se espera que no se abra al tráfico hasta, mínimo, enero de 2016. Una opción que no convence a los vecinos de La Pilarica porque, en su opinión, “es imposible que este túnel esté abierto en enero, y aun dando por válido este plazo, el problema de Pilarica es ahora el mismo. La planificación ha sido nula, ya que primero tenía que haberse abierto el túnel subterráneo y después cerrarse el paso a nivel”.

Callejero de la ciudad del año 2012 en el que se puede observar el túnel subterráneo de la Calle Andrómeda (María Gozalo / CREA).
Callejero del año 2012 en el que ya se puede observar el túnel subterráneo de la Calle Andrómeda (María Gozalo / CREA).
“El principal responsable de todo esto es Adif”
Paso de peatones situado a la altura del paso a nivel (Sergio M. Fernández / CREA)
Paso de peatones situado a la altura del paso a nivel (Sergio M. Fernández / CREA)

Los vecinos de La Pilarica lo tienen claro: el principal responsable ha sido Adif. Pero, ¿por qué? La normativa referente a la Alta Velocidad ferroviaria (AVE) es tajante cuando dicta que el AVE no puede cruzarse con ningún otro tipo de vía, es decir, que no pueden existir pasos a nivel. Por lo tanto, la única alternativa posible pasa por atravesar la vía a través de un túnel subterráneo o bien soterrar la vía y que sea esta la que pase por debajo del tráfico rodado y los peatones.

Conociendo la normativa, lo más lógico sería que tanto Adif como el Ayuntamiento de Valladolid se hubiesen puesto ‘manos a la obra’ para crear una alternativa, bien un túnel subterráneo, bien el soterramiento de las vías. ¿Qué ha pasado?

Tal y como nos explica Margarita, el cierre del paso a nivel es competencia exclusiva del Ministerio de Fomento y Adif y, por lo tanto, no necesita pedir permiso al Ayuntamiento de Valladolid. Sin embargo, la falta de transparencia en sus decisiones y la escasez de previsión han provocado que, a día de hoy, el barrio esté incomunicado.

¿Cómo hemos llegado a esta situación?
Pasarela provisional y cartel de Adif anunciando la obra del túnel subterráneo para vehículos (Sergio M. Fernández / CREA)
Pasarela provisional y cartel de Adif anunciando las obras (Sergio M. Fernández / CREA)

Remontémonos unos cuantos años, cuando se planeó la llegada de la Alta Velocidad a Valladolid y las consecuencias que tendría en casos como el que hoy nos ocupa. La idea surgió en los años 90, con José María Aznar al frente del gobierno, que pretendía que el AVE llegase a la ciudad en superficie. Sin embargo, se encontró con la oposición del entonces alcalde de la ciudad, Francisco Javier León de la Riva (PP), que demandaba el soterramiento de las vías.

Pero entonces llegó la crisis y llevar a cabo el soterramiento antes de que llegase la Alta Velocidad a Valladolid se hacía inviable económicamente. Tras diversas negociaciones, el Ayuntamiento dio su brazo a torcer y aceptó que el AVE llegase a la ciudad antes de realizar el soterramiento. Esto ocurrió en 2007, año en que se inauguró la línea de Alta Velocidad Madrid – Segovia – Valladolid, y posteriormente, en el año 2009 y con vistas a que el AVE continuase desde Valladolid hacia Palencia y León, el Ministerio de Fomento y el Ayuntamiento llegaron al acuerdo de no cerrar el paso a nivel de Pilarica hasta que el soterramiento no fuese un hecho.

El resto ya es de sobra conocido. El acuerdo no se cumplió. El cierre del paso a nivel es un hecho y no existe una alternativa para el tráfico del barrio. La línea de Alta Velocidad Valladolid – Palencia – León se ha inaugurado el pasado 27 de septiembre y el soterramiento no es más que un fantasma. Como protesta, el actual alcalde de la ciudad, Óscar Puente (PSOE) no se subió al tren en el viaje inaugural de la Ministra de Fomento, Ana Pastor, y le entregó una carta con las demandas de la Asociación de Vecinos de La Pilarica. Además, el concejal de Urbanismo, Manuel Saravia (VTLP) viajó a Madrid con el propósito de ver el expediente del cierre y le fue denegado. Un ‘culebrón’ en toda regla.

Pero en medio de este cruce de reproches y acusaciones emerge con fuerza una palabra, una única solución: soterramiento.

La solución definitiva: el soterramiento

¿En qué consiste exactamente? ¿Cuál era el proyecto inicial y por qué se hizo inviable? Empecemos por lo fácil. Soterrar la vía es pasarla por debajo de la ciudad. En concreto excavar un túnel de 5100 metros de largo (que cruza la ciudad en dirección sur – norte) de 25 metros de profundidad y la salida a la estación de Campo Grande estaría excavada a 9 metros de profundidad a modo de trinchera. El río Esgueva, por ejemplo, pasaría por encima de las vías del tren. Como podéis imaginar, se trata de una obra de ingeniería de gran envergadura que precisaría de maquinaría pesada y , por lo tanto, con un gran coste (los cálculos oscilan entre los 600 y 1100 millones de euros).

Y la pregunta del millón, ¿quién pagaría esto? En principio el Estado asume la gran parte de los gastos, y la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento se encargarían de algunas actuaciones complementarias como, por ejemplo, adecuar la cuenca del río Esgueva para evitar filtraciones. Sin embargo, la crisis estalló antes y con ella, se llevó por delante todo plan de soterramiento por parte del Estado. No quería ni oír hablar de grandes obras que conllevasen grandes gastos. ¿Podría el Ayuntamiento hacerse cargo de ello? Ni mucho menos. Para hacernos una idea, una inversión de aproximadamente 800 millones de euros sería el presupuesto total del gobierno municipal para cuatro años. Totalmente inviable.

Sin embargo, la idea del soterramiento (antes de que estallase la crisis y con ella la burbuja inmobiliaria) se basaba en la especulación. Los vallisoletanos no pagarían ni un solo euro de su bolsillo, ya que el dinero necesario se obtendría de la reorganización del plan de urbanismo para vender todos los terrenos que hasta el momento eran propiedad del Estado (vías del tren, talleres de RENFE, etc.) a constructoras.

Los terrenos liberados pasarían de propiedad del Estado a ser del Ayuntamiento de Valladolid y éste a su vez los recalificaría y vendería como terrenos para edificar residencias con el objetivo de costear el soterramiento. Vender unos territorios antes de que estuvieran disponibles. La ley del ladrillo en todo su esplendor.

Actualmente, el nuevo gobierno municipal está planteando otras alternativas para intentar poner solución de una vez por todas a un problema que persiste a pesar de los años, como un viejo fantasma del pasado.

Artículo realizado por Beatriz Carbajo y Sergio M. Fernández

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