La dependencia en Castilla y León, debido a que su población está muy envejecida, es considerablemente alta. (Pixabay).
La dependencia en Castilla y León, debido a que su población está muy envejecida, es considerablemente alta. (Pixabay).

Las personas con algún tipo de discapacidad -motriz, visual, auditiva, mental, etc.- han ido colonizando puestos cada vez más altos en la escala moral y ética de la sociedad. Independientemente de los sentimientos -lástima, orgullo, superación personal, compasión, etc.- que despierten estos individuos en aquellos que no sufren dependencia alguna la reacción social mayoritariamente común es la ayuda.  ¿Quién no ha observado cómo dos o tres personas ayudaban a subir/bajar del autobús a un hombre en silla de ruedas? ¿O cómo un joven cogía del brazo a un ciego/a y le ayudaba a cruzar la calle evitando cualquier situación de peligro?

Sin embargo, todos estos gestos de apoyo desinteresado -que bienvenidos sean siempre, ¡ojo!-no son suficientes para mejorar la calidad de vida de las personas discapacitadas ni contribuyen a la total adaptación de las ciudades españolas a la multitud de particularidades que presentan los individuos dependientes. El equipo de Suma y Sigue, fiel al tinte local -y regional, en ocasiones- que le caracteriza, ha analizado en su último programa el grado de integración que presentan tanto Valladolid como la comunidad de Castilla y León en lo que a discapacidad se refiere. ¿Será nuestra tierra un paraíso, un infierno o un fifty fifty para las personas dependientes?

Toga y mazo

En el marco legal, la prácticamente recién nacida Ley de Dependencia -vigente desde 2006-, es la encargada de amparar económicamente tanto a los discapacitados como a sus familias a través de un amplio catálogo de servicios y prestaciones. Los ‘padres’ de la mencionada ley, cuando esta aún se encontraba en pleno periodo de gestación, auguraron un futuro muy prometedor y ambicioso para ella: la prevención de la dependencia. Sin embargo, tras su nacimiento, la pequeña y rebelde Ley de Dependencia optó por salirse del camino establecido y elaborar sus propios planes en los que la prevención no tenía prácticamente cabida. Así, lejos de lograr el principal objetivo para el que la ley fuera creada, su función principal actual es servir de ayuda económica -en mayor o menor medida- a todos aquellos que engruesan diariamente el sistema de dependencia estatal.

A pesar de que se trata de una disposición de carácter nacional, cada comunidad autónoma es responsable de su gestión, adaptando así la ley a las particularidades de los distintos territorios españoles. En enero de 2015, la orden por la que se regulaban las prestaciones del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia en Castilla y León sufrió una modificación que, en palabras del presidente de CERMI CYL y PREDIF (comité y plataforma, respectivamente, en representación de las personas con discapacidad), Francisco Sardón, “trajo innumerables beneficios para el colectivo de minusválidos de la Comunidad”. Uno de estos beneficios, y según Sardón “el más prometedor”, recibe el nombre de ‘compatibilidad de prestaciones’, un término que se explicará a continuación.

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La Ley de Dependencia todavía tiene un largo camino que recorrer. (Pixabay).
Flexibilidad del sistema

Algunos de los servicios y prestaciones a los que optan las personas dependientes en Castilla y León son: servicio de teleasistencia -puente de comunicación directo entre el domicilio y el centro de atención-, servicio de autonomía personal -con vistas a facilitar la ejecución de las actividades básicas de la vida diaria-, promoción de centros de día/noche y residencias, prestaciones económicas que contribuyen a aliviar parte de los gastos que han de afrontar los cuidadores de personas discapacitadas en el hogar del afectado -tanto familiares como profesionales-, etc.

Según Sardón, “este catálogo de prestaciones ha ido mejorando con el paso del tiempo” y uno de sus mayores logros es la ya mencionada ‘compatibilidad de prestaciones’: “esto quiere decir que, por ejemplo,  una persona puede compatibilizar el servicio de centro de día con el de la promoción de la autonomía personal o con terapias varias que se oferten. De esta forma, es el sistema el que se adapta a las necesidades específicas de cada individuo y no al revés”.

Con la lupa en los datos

En Castilla y León, una comunidad que actualmente engloba dentro de su sistema a alrededor de 70.000 discapacitados, oferta casi 90.000 servicios y prestaciones de los mencionados anteriormente, según la Junta. De esas 70.000 personas dependientes, aproximadamente un 85% está en la actualidad percibiendo las ayudas solicitadas, una cifra que se eleva a, prácticamente, el 100% en lo que a discapacitados graves y severos se refiere -grados II y III de dependencia-.

Asimismo, la Comunidad -y llegó la hora de sacar pecho y orgullo- también abre las puertas de su sistema a los conocidos como ‘discapacitados invisibles’, aquellos cuya minusvalía está clasificada de leve –grado I– y en muchas zonas de España no optan a ninguna prestación o servicio. En Castilla y León, un 50% de estos dependientes -situándose la media nacional en el 17%- están, en la actualidad, incorporados al sistema de dependencia y disfrutan de sus ventajas.

El sistema castellanoleonés también se caracteriza por la agilidad con que opera y realiza los trámites burocráticos necesarios para autorizar la entrada al mismo de todas aquellas personas con discapacidad que la solicitan. Según el presidente de CERMI, “en la actualidad no se están superando los 3 meses -la ley da un margen de 6- desde que alguien inicia los trámites para formar parte del sistema hasta que recibe las prestaciones correspondientes”. Este dato, en la práctica, se traduce en una reducción del 50% de la lista de espera en la Comunidad.

No toda la discapacidad es motriz, la visual también afecta a multitud de personas. (Pixabay).
No toda la discapacidad es motriz, la visual también afecta a multitud de personas. (Pixabay).
¿Presupuesto suficiente?

No solo las cifras anteriores dejan en buena posición a Castilla y León respecto al resto de comunidades de España, también la que os traemos a continuación. La Consejera de Familia e Igualdad, Alicia García, anunciaba hace unos días que el presupuesto destinado a la dependencia en 2016 será de 514 millones de euros -21 millones más que el año pasado-. Este dato, que engloba a más de la mitad del presupuesto de la Consejería, se proclama como el más alto de toda la historia de Castilla y León en lo que a inversión en discapacidad se refiere.

Sardón, el que también fuera socio fundador de ASPAYM, está “contento” con esta cifra aunque reconoce que “todos los presupuestos siempre tienen capacidad de mejora. Nosotros aplaudimos el dato de 514 millones pero esperamos que aumente con los años para así mejorar el sistema de copago -actualmente las personas tienen que pagar un máximo del 60% de lo que cuesta la prestación o servicio suministrado- y potenciar la formación y el acceso al empleo de las personas con discapacidad, entre otras muchas medidas que proponemos desde CERMI para mejorar la calidad de vida de las personas discapacitadas”.

Valladolid, ¿ciudad para discapacitados?

Aunque Valladolid está en la buena dirección -como veremos a continuación- en lo que a la integración de la dependencia se refiere -tanto a nivel legal como de infraestructura-, el camino a recorrer para alcanzar la plenitud aún es largo e irregular. Muchos habitantes de la ciudad afirman que su día a día se ve plagado de barreras físicas a superar como “los rebajes de los bordillos” o “el acceso al transporte público“. Sardón, por su parte, reconoce que “a pesar de que la perfección urbanística aún está lejos, se ha mejorado bastante la entrada adaptada -generalmente con una rampa- a los edificios públicos”. Sin embargo, esta es todavía una asignatura pendiente en muchos bares y establecimientos de barrio que por su dimensión o antigüedad no forman parte de la red de locales inmersos en el plan de adaptabilidad de la ciudad.

Por supuesto, todas estas observaciones se realizan desde la postura de quien va en silla de ruedas o tiene alguna deficiencia motriz. Pero, ¿qué ocurre con aquellos que padecen, por ejemplo, una discapacidad visual? Miguel es estudiante de Periodismo en la Universidad de Valladolid y aunque su invidencia podría suponer un hándicap a la hora de desarrollar sus estudios y posteriormente su profesión, para él es un gran estímulo de motivación y superación personal.

Así, gracias a la labor que realiza la ONCE para con los invidentes, Miguel es capaz de llevar una vida normal y los desplazamientos a lo largo y ancho de la ciudad los realiza a pie o en autobús sin mayores dificultades: “En general la mayoría de los cruces de Valladolid están señalizados con avisos sonoros y relieves. Eso es muy importante y a mí me facilita enormemente el día a día”.

Aunque, en líneas generales, a nivel de infraestructuras Valladolid sí parece aportar su granito de arena al progreso y mejora de la calidad de vida de las personas que sufren cualquier tipo de discapacidad, se ha de tener en cuenta que no todas las barreras a salvar son físicas, también las hay de carácter económico o educativo. Respecto a las primeras, numerosos beneficiarios del sistema de prestaciones y servicios de la Comunidad critican la escasa ayuda económica que reciben en contraste con los gastos que ocasiona la minusvalía -sea del tipo que sea- y los precios desorbitados de numerosos productos ortopédicos.

En relación a las barreras de carácter educativo, Sardón reconoce que es la parcela “más verde” y en la que “aún queda mucho por hacer”: “los colegios e institutos, aunque han progresado bastante de un tiempo a esta parte, todavía no dedican la atención suficiente que necesitan muchos alumnos dependientes para satisfacer sus necesidades específicas. En relación a esto, otro campo que no está para nada cubierto es el del acceso a la información y a la comunicación. A penas se encuentran textos en braille o de lectura fácil que se adapten a las necesidades de quienes los reclaman. Hay mucho trabajo aún por delante en ese aspecto”.

Como se suele decir, “al final todo acaba bien y si no acaba bien, entonces es que aún no es el final”. Y está claro que tanto en Valladolid como en Castilla y León, la apuesta por la integración y la adaptabilidad de las personas discapacitadas no ha terminado aunque el rumbo tomado es el correcto. Esperemos que el periodo de recuperación económica y la escala moral/ética de la que se hablaba al inicio del artículo escriban, al fin, el final feliz para este colectivo que tan invisible ha sido durante demasiados años para muchos gobiernos.

La educación en España sigue sin tener demasiado presentes a los alumnos invidentes. (Pixabay).
La educación en España sigue sin tener demasiado presentes a los alumnos invidentes. (Pixabay).
María Gozalo Arenal
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"Las aguas en calma no hacen buenos marineros", por eso, más que nunca, Periodismo. Chin-chín por los valientes y los nuevos Kapuściński.
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