Fachada de los cines Mantería en la actualidad tras su cierre en 2012. (Iván Tomé / CREA Info)
Fachada de los cines Mantería en la actualidad tras su cierre en 2012. (Iván Tomé / CREA Info)

Otoño en Valladolid significa SEMINCI. Este año además se cumple su 60 aniversario, una fecha redonda para la que se ha dispuesto una programación a la altura. Este evento nos sitúa cada año en el mundo como una ciudad vinculada estrechamente al cine pero en la que, sin embargo, cada vez quedan menos salas en las que disfrutar del séptimo arte. Porque aunque la ciudad esté en plena celebración, no hay que olvidar que el cine no atraviesa su mejor momento tras el cierre de salas emblemáticas en el centro de Valladolid.

Atrás quedan ya años como 1998 en el que tres nuevos establecimientos fueron inaugurados: en el norte de la ciudad, el cine Ábaco situado en el centro comercial Carrefour 2. Cinebox Vallsur (actualmente Megarama) dotaba de grandes salas a la Rubia y a los cada vez más poblados barrios de Parque Alameda y Covaresa en el sur de la ciudad. Parquesol, otro barrio en evolución por aquellos años, inauguraba Parquesol Plaza, centro comercial que contaba con seis salas.

Sin embargo, a la vez que prometedor, 1998 también fue revelador del cambio de modelo que se haría efectivo en los siguientes años. Los tres estaban vinculados a centros comerciales y contaban con muchas más salas que los tradicionales cines de barrio. Otro punto en común es la distancia respecto al centro: el trayecto a la Plaza Mayor era de tres kilómetros y medio en el caso de Vallsur, poco más de tres kilómetros para las salas de Parquesol y dos y medio respecto a los Ábaco.

Comienza el siglo, comienzan los cierres

En el año 2000, el barrio de la Rondilla perdía el Vistarama, cine que en su origen llegó a tener la pantalla más grande de la ciudad. Se reformó y paso a tener hasta cinco estancias diferenciadas pero finalmente el 25 de abril cerró definitivamente sus puertas. Tres años después eran los cines Coca, situados en el corazón de Valladolid, los que apagaban para siempre los proyectores.

El cierre de Coca era la tercera estocada que recibía el centro de Valladolid en menos de 3 años. El teatro Zorrilla en plena Plaza Mayor, que llevaba ejerciendo como cine desde los años 80, había cerrado a comienzos de 1999 debido a su estado de deterioro y tardaría una década en reabrir. Por su parte el teatro Lope de Vega, que también contaba con un proyector, cerró el 30 de abril del año 2000 (tan sólo cinco días después de los ya mencionados Vistarama). Si bien estos teatros mencionados no se dedicaban completamente a la proyección de cine, juntos representaban un total de 1334 butacas y tenían un gran peso en la SEMINCI.

No todo fueron malas noticias estos años. En 2002, en el cercano municipio de Zaratán, se inauguró el centro comercial Equinoccio con los cines UGC, que tenía 18 salas y un aforo total de 4083 localidades. De nuevo alejado de la ciudad y con muchas más salas de las que puede albergar un cine de barrio. Pese al declive del centro comercial en el que se aloja, el local ha resistido durante la crisis y es desde su apertura el más grande de la provincia.

Tras un lustro de tranquilidad, volvió la tormenta

Después del cierre de los cines Coca, se detuvo la sangría durante unos años. Sin embargo, el año 2009 volvió a ser demoledor: los cines Ábaco y Parquesol Plaza, ambos rozando ya la década en funcionamiento, se vieron obligados a cerrar. La crisis económica había comenzado y los primeros recortes repercutieron en el ocio. Enrique Cerezo, dueño de los cines Parquesol, declaró tal y como recoge El Día de Valladolid lo siguiente: “No son negocio y no estoy dispuesto a seguir perdiendo cincuenta o sesenta millones al año. Son unos cines maravillosos, cojonudos, perfectamente dotados y, sin embargo, la gente de Parquesol se va a los cines de Zaratán. No lo entiendo”. El presidente del Atlético de Madrid era dueño además de los cines Mantería y los cines Roxy, los dos más antiguos de la ciudad de Valladolid.

A finales de 2010, Cerezo anunció su intención de trasladar el Casino de Castilla y León desde el palacio de los Condes de Gamazo (Boecillo) al interior de  los cines Roxy. Comenzó entonces la agonía de uno de los locales más queridos por los vallisoletanos. El cierre no fue inmediato sino que se alargó durante años entre licencias, despachos y trámites.

Mientras todo el mundo miraba el indeciso futuro de los Roxy, Valladolid perdía sus cines más antiguos, los Mantería-Renoir. Abiertos desde el 2 de febrero de 1933 acababan de cumplir 79 años cuando Enrique Cerezo decidió poner punto y final a su historia debido a una norma del Ayuntamiento que obligaba a reacondicionar el local. El descenso de espectadores que había atravesado en los últimos años fue determinante para que el empresario madrileño decidiera no invertir más dinero en él. Completó su desafortunado hat-trick de cierres en 2014 cuando la travesía por el desierto de los Roxy llegó a su final. Este último fue un cierre agridulce ya que la apuesta por ofertas y por presencia en las redes sociales había dado un impulso al Roxy que permitió soñar a sus seguidores con la posibilidad de evitar su muerte anunciada. No fue así.

Corto sobre la historia y cierre de los Roxy. (Álvaro Martín / Dream Zero Films).

¿Un rayo de luz?

En 2009 el teatro Zorrilla reabrió sus puertas tras una década en reparaciones. Únicamente proyecta cine durante la SEMINCI, al igual que el teatro Carrión, que desde 2010 decidió abandonar la proyección de películas de forma habitual pero que, con el cierre de los Roxy, ha tomado un papel importante durante el festival.

La llegada en 2012 del centro comercial Río Shopping al municipio de Arroyo de la Encomienda también trajo bajo el brazo la llegada de OCINE, un complejo con 1799 butacas repartidas en 10 salas. La cadena OCINE apostó fuerte por la calidad y el confort en vistas a lograr fidelizar a una audiencia dispuesta a pagar un poco más de dinero por unos servicios de alta calidad (grandes pantallas, sonido HD, butacas VIP…).

La última apertura es quizás la más sorprendente: los hermanos Juan José y Javier García pusieron de nuevo en marcha en octubre de 2014 dos salas del abandonado Parquesol Plaza. Concentran su actividad de viernes a domingo además del miércoles, día del espectador. Al igual que el Roxy, en sus últimos días han apostado por una comunicación en redes sociales y por ofrecer ofertas y precios más bajos.

Y ahora… ¿Qué?

Todo este baile de aperturas, reaperturas y cierres deja un panorama muy diferente al que había a finales de los noventa. El cierre de Coca y Roxy junto con el cambio de uso del Teatro Zorrilla y el abandono del teatro Lope de Vega rompió un núcleo de cine en pleno corazón de la ciudad. Los cines más céntricos son ahora Broadway, Casablanca y Manhattan. En la actualidad este es el mapa de salas de cine de nuestra ciudad.

En verde, los locales actualmente abiertos. En color rojo aquellos que han cerrado.  Datos obtenidos a partir de los Censos de Salas de Cine elaborados por AIMC entre 1998 y 2015 (Diego Alonso / CREA Info)

El cambio de modelo es obvio pero desolador: Valladolid no puede permitirse otros 15 años perdiendo salas céntricas si quiere mantener el prestigio de la SEMINCI. El peso de sus proyecciones ha recaído sobre tres salas de teatro: Carrión, Zorrilla y Calderón. Las infraestructuras de los tres han sido reformadas en los últimos años pero, en el plano económico, la cultura sigue agonizando y poco o nada se puede aventurar. Por mucha dedicación que se ponga a hacer cada año un mejor festival, sin locales en el centro el futuro del festival parece inviable.

La acción coordinada de Ayuntamiento y de la dirección del festival puede ser determinante en los próximos años para que Valladolid pueda seguir presumiendo cada otoño de ser una ciudad de cine.

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Diego Alonso Martín
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Diego Alonso Martín

Periodista y seriéfilo interesado en las cifras económicas de la cultura. Mi maestro me enseñó "Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes"
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