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Jes, bajista de Sidonie, en uno de los últimos conciertos del Sonorama. (Iván Tomé / CREA Radio).
TARDE: La magia del Trigo

La Plaza del Trigo, situada en el centro de la villa, es una zona de paso para los ciudadanos de Aranda durante 361 días al año. Un pequeño enclave rodeado de comercios que puede pasar desapercibida para cualquier turista que desconozca en qué se transforma durante el Sonorama.

Porque en ese pequeño escenario nada es lo que parece. No es “un concierto más” para ningún grupo, ni ningún grupo es simplemente “uno más” para el público. Cada minuto de música se disfruta en sintonía a uno y otro lado del escenario. Tal es el espectáculo que el sol intenta no perdérselo nunca, hecho que ha popularizado la presencia de pistolas de agua entre los asistentes.

Esa atmósfera es un distintivo del festival que un año más ha permanecido intacto. Cuando Rufus T Firefly puso fin a su concierto (el último “oficial”), nadie se movió de la plaza. Bueno, igual algún despistado que no conoce aún la buena costumbre de la organización para guardarse siempre un as bajo la manga. Y el de este año, rompió la baraja.

Los veteranos sonorámicos, aquellos en cuyas muñecas se acumulan pulseras de ediciones pasadas se aventuraban a intentar adivinar la sorpresa final ¿Será Sidonie? ¿Vetusta Morla emulando aquel concierto de 2008? Pero lo cierto era que difícilmente podría alguien imaginarse siquiera de qué se trataba. Ángel Carmona, presentador de Radio 3 y el rostro visible del proyecto Leãozinho (causa social de este Sonorama y sobre la que puedes conocer más aquí), saltó ante el público para anunciar una sorpresa organizada en agradecimiento a la solidaridad con Leãozinho.

Plaza del Trigo en Aranda de Duero
Plaza del Trigo en Aranda de Duero. (Pravdaverita / Wikimedia Commons).

Con el acompañamiento musical de Aloha Carmouna, Xoel López cantó Turnedo, un himno ya para los amantes del indie. Pucho (Vetusta Morla) salió con ganas, posiblemente por no poderse aguantar hasta la noche para levantar a todo el público con Ser Brigada. Zahara le lanzó un guiño a Xoel al son de Qué no, Ángel Stanich trasladó al público a la realidad de Lori Meyers y John Franks (Smile) emuló a Sunday Drivers con On my mind. Marc Ros (Sidonie) cerró la sorpresa como comenzó, con otro himno y por unos minutos toda la plaza se unió al Club de Fans de John Boy. Una sorpresa elaborada, maravillosa y con una historia detrás que ha hecho pública Ángel Carmona, poco antes de salir rumbo a Brasil a llevar la acción de Leãozinho a las favelas.

¿No Trigo no party? No exactamente. Las Plaza de la Sal, con el Red Bull Tour bus y la Plaza del Rollo, caracterizada por estar más orientada hacia los dj’s, estaban llenas hasta la bandera sin nada que envidiar a su “hermana mayor”. Y por las calles, el Ribera de Duero se escurría bañado de risas y música entre las terrazas llenas en un ambiente que se alargó hasta bien entrada la tarde. Pero la audiencia es fiel, y con la cercanía de los conciertos en el recinto ferial las calles volvieron vaciarse poco a poco, y la Plaza del Trigo volvió a quitarse el traje de fiesta para ser un rincón discreto hasta agosto de 2016.

NOCHE: La fórmula mágica

¿Noche? En el Sonorama Ribera la segunda parte del día comienza con mucha luz y un largo día sobre los hombros, que puedes continuar de distintas maneras. La primera, una maravillosa siesta en el camping para quienes prefieren reponer fuerzas para después, y dejar pasar alguna actuación en el recinto. La segunda, para quienes no quieren perderse ni un concierto, conlleva algo más de esfuerzo y acudir al festival con la fórmula mágica de Astérix y Obélix en frasquitos… Porque ir del pueblo al recinto sin parar a descansar ni un momento, y plantearse aguantar hasta las tantas, es un tema peliagudo.

Lo primero que todo buen ‘sonorito’, como diría Pucho (Vetusta Morla), debe hacer al entrar por la puerta del recinto, es ir a por la moneda monopoly de este festival: los sonos. Esos mini cartones con valor de un euro que, como bien decía algún veterano sonorámico, están hechos “para perder la noción del dinero”.

Nada más abrirse las puertas del recinto el jueves 13 a primera hora de la tarde (o lo que es lo mismo, las 7), los primeros asistentes se toparon con Sexy Zebras y a los instrumentales Toundra. La operación se repetiría el viernes y el sábado, y quizás fue la última velada la que reunió a más gente en los escenarios Castilla y León y Ribera del Duero, en esas tempranas horas de festival en recinto cerrado, con Ángel Stanich y Zahara respectivamente.

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Pucho, cantante de Vetusta Morla, el sábado en el Sonorama. (Iván Tomé / CREA Radio).

La noche del jueves, sin duda, la marcó Estrella Morente para un público que, a pesar de estar poco habituado a su estilo de música, se quedó con las ganas de ponerse la torera flamenca. Dorian, La Habitación Roja, Dinero y Los Toreros Muertos completaban el cartel de la primera velada.

Lugares para “conocer el arte” también tenían espacio en el Sonorama, como es el caso del escenario del proyecto Leaozinho, por el que pasaron artistas como Depedro (aunque fuese por poco tiempo por problemas técnicos) y Mikel Izal, en una clave un tanto más cercana que el resto de conciertos.

Recarga tus sonos, porque llega el viernes con muchos más asistentes que el día anterior, y con los conciertos que más animaban a sus fans y, a la vez, que más encandilaban a su público “virgen” de escucharles. La barba de ‘El Meister’ de Arizona Baby consiguió atraer a la hora de cenar a multitud de ‘sonoritos’, y allí, quien conocía las canciones bailaba, y quien no… También. Supersubmarina atrajo al público más multitudinario de la noche, y Los Hijos de Johnny Cash, también llamados La Maravillosa Orquesta del Alcohol, levantaron el ánimo sensible que dejaban los de Jaén y animaron filas con su característico sonido de acordeón y saxo. Y es que los del uniforme de camiseta básica blanca y pantalón negro querían dejar claro que jugaban en casa: Burgos.

Horas más tarde de un temprano y hombre orquesta Xoel López, la noche del sábado acogía a Vetusta Morla en un Escenario Ribera del Duero que llenaron por completo, a pesar del bajo sonido. Pucho no fue “brigada” como horas antes en la abarrotada Plaza del Trigo, pero sí Valiente, ante un público que llegaba a sobrepasar incluso los puestos de venta, y que no se movió de ahí hasta la última nota de Los (maravillosos) Días Raros. Poco después, la guinda del día la pondría Sidonie, que dejó a todo el público exactamente como la canción con la que empezaron: Fascinado. Marc bajó entre el público para cantar (que no desear) Un día de mierda, que seguro, no tuvieron los asistentes.

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Eme DJ cerraba la noche del sábado en la Zona Electrónica. (Iván Tomé / CREA Radio).

La última velada se termina, y ya solo te quedan dos opciones: utilizar rápidamente todos los sonos que te queden en cerveza (o en un poco más de fórmula mágica de Astérix y Obélix), o intentar revenderlos al primero que encuentres en la taquilla. Sigue bien el camino hacia el camping, que al día siguiente hay que aprovechar que la gente desmonta el nido para buscar a Antonio.

CAMPING: ¡¿Antonio?!

El camping… Ese recinto situado en el Parque General Gutiérrez en el que se pasan también buenos ratos y del que se sacan anécdotas para aburrir. Incluso antes de acceder al mismo. Esas caminatas desde la zona de aparcamiento, con todos los bártulos a cuestas: que si nevera, mochila, comida (alimentación rica y sana donde las haya), cervecitas, las gafas de sol… Todo ello aderezado con una temperatura que hace sudar a cualquiera.

Ya en el recinto, con la pulsera en la muñeca, toca aposentarse. A pesar de la enormidad del parque, no queda un hueco libre. Ahí se denota la afluencia de gente que acude al festival, que este año ha vendido 3.000 abonos más que el año pasado.

Ya con todo montado, solo queda disfrutar de cada momento y cada historia que ocurre en el camping. Y es que el buen rollo corre entre los árboles del parque como el frío que hace por las noches en Aranda de Duero. Sino, que se lo digan al protagonista de este año, un tal ‘Antonio’ al que todos llamaban y que siempre obtenían la misma respuesta: otro grito de ese mismo nombre, pero desde 20 tiendas más allá. Amigos (o enemigos) no le faltaban al colega.

Tras las noches de conciertos y desenfrenos toca dormir lo que se pueda y despertar… Como te dejen. Y es que a los más madrugadores, con ganas de marcha aún en el cuerpo, no se les ocurre otra cosa que ponerse a tocar y cantar a las diez de la mañana, ya sean éxitos de ayer y hoy o las típicas canciones de misa que todos hemos escuchado (incluso en versión satánico).

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Marc, cantante de Sidonie, en uno de los últimos conciertos del Sonorama 2015. (Iván Tomé / CREA Radio).

Tras ese despertar, toca darse una ducha en las cálidas aguas burgalesas. Mentira. Ves salir a la gente de las vallas de obra con una cara de frío que parece que vengan del polo norte. Y tras observar que hay algunas duchas que no funcionan, decides ponerte en la cola que quizá pueda ir más rápida. Aun así, te comes una media hora de espera para ponerte debajo de un chorro de agua que te deja los pezones para rayar diamante (ojo, que se han dado casos).

Y qué decir de los baños… Esa esencia embriagadora que te inunda los pulmones nada más entrar y los ‘regalitos’ que han dejado las personas que han pasado antes que tú por ahí. Es una sensación inigualable que te apetece repetir una y otra vez (nótese el sarcasmo).

Pero seamos sinceros, el agua fría, los conciertos mañaneros, los baños portátiles, las caminatas… Nos encanta quejarnos pero quedan como buenas anécdotas para contar una y otra vez en esos ratos que pasas con tus colegas con unas buenas cervezas de la mano. Y es que aunque el camping no es lo más importante del festival, es, probablemente, de donde más recuerdos quedan.

Redactado por: Iván Tomé, Marta Velasco y Diego Alonso

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