Los grupos tienen que decidir entre renovarse o acomodarse y ganar dinero. (ProtoplasmaKid / Wikimedia Commons).
Los grupos tienen que decidir entre renovarse o acomodarse y ganar dinero. (ProtoplasmaKid / Wikimedia Commons).

En los últimos años, estamos viendo cómo artistas de prestigio sacan un disco cada tres años y aprovechan para hacer una pequeña gira. Efectivamente, es mucho más cómodo componer 8 o 10 canciones, ir al estudio, pagar a los mercenarios y ganar millones. Además, las discográficas se llevan su tradicional ‘pico’. Todos contentos.

Algo mucho más cómodo es grabar lo conocido como Greatest Hits, Gold o Grandes éxitos y fracasos en el caso de Extremoduro, que saben que sus fans lo van a comprar y no tienes ni que componer, simplemente invitar a amigos famosos para que hagan sus colaboraciones. Incluso hay quienes hacen versiones de sus compañeros de profesión, como es el caso de Niños Mutantes con su disco Grandes Éxitos de otros.

Aquí es donde ellos tienen que decidir entre renovarse, sacar nuevos trabajos, hacer giras largas y contentar a aquellos que llevan años escuchando su música, o acomodarse ganando dinero para seguir viviendo su maravillosa vida.

Un mes atrás, Jordi Évole reflexionaba en El Periódico sobre cómo el dinero puede llegar a condicionar decisiones importantes. Su ejemplo se centró en el cambio de fechas de un mundial de fútbol, debido al excesivo calor que se tendría que soportar en Catar durante el verano de 2022. Pero ‘El Follonero’ no se queda aquí, sino que se centra en deducir irónicamente cómo gastamos el dinero que tenemos (o no) en lo que nos interesa. Porque Catar tiene mucho dinero y puede comprar a la FIFA, pero resulta que no tiene para pagar a los Ingenieros españoles que allí se desloman durante unas 80 horas semanales.

Algo parecido nos pasa en Europa, y en particular en España. Este fin de semana han fallecido 750 personas inmigrantes (en muchos casos refugiados de guerra) en aguas del Mediterráneo. Italia se queja de tener que soportar hasta el 90% de la ayuda de salvamento necesaria para rescatar a estas personas que lo único que quieren es una vida tranquila. Europa lo reconoce como un problema grave, pero no pone medios ni soluciones. El Papa llama a la cordura y pide responsabilidades y acción, y los pescadores de la zona ya no pescan peces, sino seres humanos.

En España seguimos construyendo líneas de Alta Velocidad Ferroviaria, autopistas y aeropuertos deficitarios, de los cuales no se recuperan ni los costes variables; pero los recortes en Educación y Sanidad siguen palpándose en las aulas y en las salas de espera.

Geroge Ezra, del que en realidad no soy gran seguidor, canta en su famoso Budapest cómo dejaría todas sus riquezas por irse con el amor de su vida. Esto es algo muy bonito, y quizás ésta es la salida a este gasto desmesurado en lo superficial de nuestra sociedad.

Efectivamente, para Europa es prioridad salvar la situación económica que vivimos en el sur del continente, luchar contra el Estado Islámico dentro de nuestras fronteras (porque ya vemos que si mueren 150 personas en Kenia importa poco), o imponer sanciones económicas a Rusia por su política invasora. Seguramente, destinar una milésima parte de lo que nos gastamos en rescatar a los bancos nos ahorraría muertes, y el fondo del mar dejaría de ser un cementerio para volver a ser solo vida marina.

Nosotros no podemos obligar a nadie a sacar un disco al año y a pasar por todas las capitales de provincia del país, al igual que con el sistema actual no podemos obligar al Parlamento Europeo a que destine una partida al salvamento y acogida inmigrantes ilegales. Pero aquí se encuentra nuestro código ético, que desembocaría en que Catar admitiese mayor libertad a las mujeres y pagase mejor a las personas preparadas que trabajan en su país, que España dedicase el dinero aeroportuario a la evolución natural de nuestra educación, que Europa se responsabilizase de su situación hegemónica para hacer crecer a los países del Sur y que las grandes bandas agradeciesen a sus incondicionales seguidores su cariño con multitud de conciertos y nuevos temas.

Alejandro Martín Goizueta
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Ingeniero en proceso y músico. Preocupado por la polifacética crisis que vivimos. Soñador imperturbable y seguidor de acordes diferenciados.
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