Celebración del ascenso a Primera División en 2007. (Diego Vicente Sobradillo / Wikimedia Commons).

Los de fuera dicen que el aficionado del Real Valladolid es frío, los de fuera dicen que el aficionado del Real Valladolid es callado, los de fuera dicen que el aficionado del Real Valladolid es crítico y los de fuera dicen que el Estadio José Zorrilla es el de la pulmonía.

Lo que no suelen decir los de fuera es que el aficionado del Real Valladolid es fiel. Da igual si gana o pierde el equipo, el seguidor blanquivioleta se sentará en su asiento de tribuna, preferencia o fondo y pasará frío durante 90 minutos para ver jugar a su Pucela. Porque no nos engañemos, el aficionado de verdad siente al equipo como suyo, aunque lleve muchos años sin poder disfrutar de ese pequeño placer administrativo. Al final, por muchos millones que puedan moverse en el mundo del fútbol, para el aficionado de a pie este deporte es un sentimiento… Y para el pucelano, un constante dilema sobre si el próximo domingo su Pucela jugará uno de esos partidos para el recuerdo o volverá a ser el equipo ‘aspirina’ para cualquier rival que venga de capa caída.

En esta ocasión no ha tenido que pasar frío ni llevarse la manta. Cada cual en el sofá de su casa y con el mando de la tele de la mano ha podido disfrutar del repaso televisivo que la televisión pública española ha querido brindar a la humilde historia de este equipo que viste de blanco y violeta. Sí, en Teledeporte y a las once de la noche, pero para el aficionado pucelano es un lujo robar horas de sueño por recordar, o vivir por primera vez, algunas de las imágenes de la historia de su Pucela gracias a este bonito homenaje televisivo.

Y comenzó el #VintagePucela

#VintagePucela se llamaba en Twitter e Historias Blanquivioletas en televisión. Sea como sea Pepé Moré, Luis Miguel Gail, Antonio Santos y Jorge Alonso (historia viva del club) se convirtieron en los principales protagonistas e hilo conductor de una vida de casi noventa años que transcurre, principalmente, entre el Viejo y el Nuevo Estadio José Zorrilla. Dos orillas opuestas del Pisuerga, pero un mismo sentimiento: el blanquivioleta.

Los hermanos Lesmes, Saso, Da Silva, Caminero, Eusebio, Juan Carlos, Onésimo, Alberto Marcos, Valderrama, Higuita… Muchos jugadores con gran importancia y algunos con poca. Pero dos nombres por encima del resto: el de Marcos Fernández y, por supuesto, Don Vicente Cantatore. También explican el comienzo de una gran amistad, que se inició con once goles, ocho del Real Valladolid y cinco de Alen Peternac.

El 3 – 8 al Real Oviedo es uno de los grandes momentos que ha brindado el Pucela a sus aficionados. También lo son el golazo de Pedro López a Íker Casillas, la chilena de Fonseca y el veloz, concretamente el más veloz de la historia liguera, remate de Llorente tras pase de Víctor. Es seguro que cualquier aficionado conoce a algún colega de grada que no llegó a tiempo para poder disfrutarlo.

Ascensos y descensos. Esa ha sido la tónica general del Pucela en los últimos años y #VintagePucela lo ha retratado a la perfección. Pero la vida sigue igual y la incógnita es la misma: “¿Este domingo mi Pucela jugará uno de esos partidos para el recuerdo o será el equipo ‘aspirina’ para ese equipo que viene de capa caída?”. Quizá esta semana no, pero antes o después ocurrirá.

Qué más dará, mañana cuando algún compañero de trabajo pregunte que a qué vienen esa cara y esas ojeras, la respuesta se limitará a un: “Ya sabes, mi Pucela”. Quizá, la gente de fuera tenga razón en gran parte de las cosas que critican al aficionado vallisoletano, pero se equivocan en una. El seguidor del Real Valladolid no es crítico. Es cierto que siempre hay algún cascarrabias en la grada de Zorrilla, pero por norma general el pucelano se conforma con poco. Algo de frío, 90 minutos y 11 futbolistas con la elástica blanquivioleta suele ser suficiente. En esta ocasión ni eso, solo  ha necesitado un mando, una televisión y menos horas de sueño. Nada que no pueda solucionarse con un par de cafés.

Álvaro García Ruiz
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Álvaro García Ruiz

En construcción. Tengo la suerte de hacer lo que más me gusta, con la gente que me gusta. Sé poco de mucho, pero me esfuerzo por aprender.
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