"Cada vida importa" fue uno de los lemas más repetidos durante la manifestación (María Gozalo/CREA Radio)
“Cada vida importa” fue uno de los lemas más repetidos durante la manifestación (María Gozalo/CREA Radio)

Hace un perfecto día de parque, gusanitos y pillapilla. Sin embargo, los parques están vacíos, los gusanitos en el kiosco y el pillapilla es solo una palabra que nadie sabe a ciencia cierta cómo se escribe. Rick Moranis, cariño, ¿has encogido a los niños?

Son las 12 de la mañana en la calle de Alcalá de Madrid; los gritos, las risas y los lloros confirman que nadie ha encogido a nadie. “¿Por qué estás aquí, bonita?”, un joven grabadora en mano recopila declaraciones abriéndose paso a contracorriente entre la multitud. “Mamá no abortó”, responde la niña sonriendo y mirando a sus padres. No sobrepasa los seis años de edad, tiene una camiseta con huellas de colores y manchas de chocolate y agita con mucho entusiasmo una pequeña bandera que acaba de comprar a Marta, una joven de 15 años que viste un chaleco reflectante dos tallas más grande. “Nosotros nos encargamos de vender camisetas y banderitas, aunque ya únicamente me quedan camisetas. ¿Quieres una? ¡Solo cuestan dos euros y medio!”. Tanto ella como otros muchos adolescentes (un gran número de ellos, menores de edad) son los encargados de recaudar fondos para las distintas asociaciones antiabortistas que integran la plataforma Cada Vida Importa, impulsora de la manifestación. “Es genial estar con los amigos haciendo algo así porque no podemos permitir que mueran niños inocentes”, afirman con rotundidad varios jóvenes del club de los chalecos reflectantes.

A pesar de su corta edad, todos ellos se muestran horrorizados ante la palabra aborto y cuando se les plantea la posibilidad de embarazo en un futuro próximo, la respuesta de las adolescentes es contundente.

Los defensores del derecho al aborto argumentan que es un bien indudablemente necesario para afrontar, en esencia, tres situaciones a las que cualquier madre puede estar expuesta: el riesgo de muerte durante el embarazo, la violación como causa del mismo y las malformaciones y deficiencias extremas del feto. Sin embargo, las expresiones “el aborto bajo ningún concepto” y “siempre a favor de la vida” lideran las respuestas de los interrogados ante cualquier pregunta (por dura que sea). “Una vida vale mucho y los niños dan muchísima alegría”, declara una anciana abuela de tres nietos y a punto de serlo de un cuarto; por su parte, dos jóvenes gallegos de 25 años, algo nerviosos por tener una grabadora a poco más de cinco centímetros de su boca, afirman casi al unísono que “no hay excusa para quitarle la vida a nadie. La culpa no la tienen los niños”. En medio de esta homogeneización de opiniones e ideas, un hombre de pelo blanco y boina gris pronuncia las siguientes palabras: “Yo tengo una hija mayor de edad y si se quedara embarazada fruto de una violación, por ejemplo, solo ella podría decidir si tenerlo o no; solo ella tiene poder de decisión. Por supuesto, yo le apoyaría en todo“. Sin ser consciente de la exclusividad de sus declaraciones, desaparece calle abajo dirección Puerta de Alcalá.

El apoyo de los familiares es la gran baza con la que juegan los detractores del derecho al aborto porque “jamás falta” y “las jóvenes nunca se sienten solas”, asegura una mujer de mediana edad madre de tres hijos. Sin embargo, no todas las respuestas a la pregunta del millón son un incondicional y reconfortante “sí”.

La manifestación convocada por la plataforma Cada Vida Importa no solo muestra posturas de rechazo al aborto, sino también a la decisión adoptada por el Partido Popular que alegó falta de acuerdos para aparcar la reforma de la ley de plazos vigente desde 2010. Por eso, singles como “Rajoy, échale huevos” o “Dónde están, no se ven, los valores del PP” se entonan en bucle a lo largo y ancho de la protesta. Uno de sus intérpretes, padre y votante férreo del PP, tuerce el gesto al mencionar el nombre de Mariano Rajoy y expresa la decepción que siente por su partido y el líder del mismo.

A ritmo de ‘Aquí estoy yo’, himno de Cada Vida Importa, miles de personas se congregan en torno a la Puerta de Alcalá y los más despistados se apresuran a comprar las últimas camisetas para ir bien equipados a su próxima manifestación. Un miembro del club de los chalecos reflectantes se sienta en un bordillo y abre una bolsa de gusanitos; el resto echa a correr.

 

[Acudieron a esta manifestación Esperanza Aguirre, Jaime Mayor Oreja o Javier Ortega, entre otros; pero eso ya os lo han contado].
María Gozalo Arenal
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"Las aguas en calma no hacen buenos marineros", por eso, más que nunca, Periodismo. Chin-chín por los valientes y los nuevos Kapuściński.
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