Marilyn Manson durante un concierto en 2007. (Rama / Wikimedia Commons)
Marilyn Manson durante un concierto en 2007. (Rama / Wikimedia Commons)

El miedo es, y ha sido siempre, el mayor arma de la humanidad. Tenemos miedo al cambio, a lo desconocido, a lo diferente, a la oscuridad, al vacío, al desasosiego, a la desolación…

Viendo el famoso documental Bowling for Columbine, es tremendo observar cómo a través de este fenómeno, los medios de comunicación nos advierten de lo que ni siquiera existe para conseguir el objetivo de los que mandan.

En este mismo documental, se culpa a Marilyn Manson de haber incitado con su música a unos adolescentes a matar a siete alumnos y a un profesor de un instituto de Columbine de Littletown, por ser su música lo único que tenían en común los asesinos. Resulta que estos adolescentes habían estado jugando a los bolos esa misma mañana, que las armas que usaron eran legales, y que cualquiera las podría haber conseguido, junto con la munición, en la misma calle céntrica de la ciudad. Pero fue la música.

 

Si bien es cierto que Manson no es el personaje preferido de ningún padre para sus hijos, puede (y solo puede) que tenga más que ver la política imperialista de EE.UU., los permisos de armas o el odio hacia la población negra e inmigrante que en algunos estados de este país sigue patente.

Recientemente, el Ayuntamiento de Madrid prohibió el concierto de Soziedad Alkoholika advirtiendo del posible desorden público que éste suponía. Pero eso sí, el fútbol no se cancela cuando una afición llama ‘puta’ a la persona a la que presuntamente maltrató un conocido jugador del Betis, ni tampoco se cierra un estadio si mueren personas de distintas aficiones ultra.

¿Esto por qué?

Lo que mueve el mundo (además del miedo) es el dinero, y todos sabemos que Florentino Pérez o Enrique Cerezo forman parte de la cúpula de empresarios más importantes de España, y que eso no se toca.

Volvamos a salir de España, y vayamos a lo que se supone como antítesis norteamericana, a la República Bolivariana de Venezuela. Observemos cómo el miedo está patente en cada persona que allí vive: tiros en la calle, racionamiento, secuestros, policía corrupta, ejército involucrado, toques de queda y concentración de poderes para ‘defenderse del imperialismo y del invasor Obama’.

Si miramos ahora el Ranking mundial de muertes por arma de fuego, en el que no aparece Venezuela, observamos que, efectivamente, Estados Unidos es el país con más homicidios por arma de fuego en función de su población. Si vemos el último programa de En Tierra Hostil veremos por ejemplo que solo en Caracas se producen entre 5 y 8 secuestros diarios (sin contar los Express).

Estos países están creciendo en el odio, el miedo y el afán de poder único, que supone una escalada de violencia que no se palpa en Europa (y de eso debemos estar orgullosos). Las cosas no se arreglan con las armas, ni con el odio, ni con el dinero, ni con el miedo. Se arreglan con el diálogo, con la paciencia y con el trabajo. No soy ni mucho menos el primero que dice esto. Ya lo anunciaron Mahatma Gandhi o John Lennon, y muchos antes que ellos. Quizás la música, por su forma de transmitir, sea el arma más poderosa de bombardeo de ideas. Muchas veces trabajará mal, difundirá ideas erróneas y difíciles de comprender, pero el hecho de que exista recoge pensamientos y supone una contra para aquellos que se acomodan.

No nos acomodemos, y demos pequeños pasos para alejarnos de fanatismos y de extremismos, que solo conllevan enfrentamiento y lucha, y construyamos nuestras propias ideas y sueños.

Alejandro Martín Goizueta
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Alejandro Martín Goizueta

Ingeniero en proceso y músico. Preocupado por la polifacética crisis que vivimos. Soñador imperturbable y seguidor de acordes diferenciados.
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