Toca empezar por flamenco. Y en el intento (fallido o no) por conocer ese mundo maravilloso ha llegado a mis manos un reportaje de Paco de Lucía: La Búsqueda, ganador además del Goya a mejor documental, premio que por cierto tiene mucho que ver con lo que aparece a continuación.

Lo más interesante del documental es que es el músico quien habla de sí mismo, a pesar de que es póstumo. Hablando del flamenco como una cultura española, que tenemos que cuidar y preservar, me ha venido a la cabeza la imagen de nuestro actual Ministro de educación, cultura y deporte, José Ignacio Wert. Realmente es complicado explicar todas las barbaridades que este señor ha puesto sobre la mesa durante su periodo al frente de una de las carteras más importantes del gobierno de un país.

Durante este documental, el guitarrista algecireño explicó cómo su sensación en un concierto era lo más importante; más incluso que el aplauso del público o el bienestar de sus compañeros. Si su pensamiento propio era negativo, el concierto había sido un desastre, y si por el contrario era positivo, el concierto había supuesto un éxito rotundo. Aquí es donde aparece el ministro, cuya opinión sobre su gestión es lo único que importa, y lo demás, pamplinas. Como cantaba Alaska en los años 80: “Yo soy así, y así seguiré”. Parece que a Wert le ha gustado la filosofía del “yo hago lo que me da la gana, y los demás, que espabilen”. El ministro Wert debió de ver el documental o escuchar mucho a la actual Fangoria.

Pero no solo se quiso parecer a de Lucía. Hubo otro guitarrista flamenco anterior, el maestro Sabicas’, del que se habla en el documental como un artista maravilloso pero con muchísimo amor propio, puesto que nunca admitió que ningún otro flamenco fuese mejor que él. Así es el ministro del ejecutivo de Mariano Rajoy, que piensa equivocadamente que es él quien maneja el cotarro. Equivocadamente, porque a lo único que se ha dedicado es a dar la razón a los jefes de la tribu: Luis de Guindos y Cristóbal Montoro, quienes en su continuo intento por pagar la deuda que se ha gestado durante la larga crisis económica que pasamos, y por lo tanto contentar a Angela Merkel, han atosigado a impuestos y recortes a los españoles durante sus años de Gobierno. Leopoldo Abadía, un excelente profesor de economía, está convencido de que los recortes son fundamentales, porque Europa hace aguas, y hay que reducir la deuda pública y el déficit.

Emparejar educación y cultura es un acierto, pues entre ellas existe una reciprocidad absoluta. Pero ahora bien; lo fundamental es la educación. Y en educación (como en sanidad) no se debe recortar. Buscando en los presupuestos generales del Estado, el tijeretazo en este sector ha ascendido a unos 3.000 millones de euros, que supone el aumento del ratio de alumnos por clase, de tasas universitarias, la eliminación de becas y ayudas, el no cubrimiento de las bajas del profesorado por menos de dos semanas, etc.

Más voz y menos gritos

¿Y esto en qué desemboca? Lo primero en buenos datos macroeconómicos que no palpamos los españoles en nuestra microeconomía. Pero lo más importante; esto supone una pérdida brutal de excelencia, un aumento enorme del abandono escolar y en dificultades para que los jóvenes (y no tan jóvenes) españoles puedan acceder al entorno laboral que desean.

Lo peor es que en el intento por crear una salida inmediata de la crisis y no gastar dinero, estamos gastando el futuro. El futuro que queremos es ahora un futuro idílico, en el que la educación esté valorada por el conjunto de los españoles como algo en lo que invertir y no en lo que ahorrar. Un futuro en el que los jóvenes quieran aprender, desde medicina hasta repostería, a fin de crear un trabajo de calidad y no depender del Turismo que es ahora un negocio factible para España (pero totalmente volátil) ni de la Construcción, que ya sabemos todos lo que pasa.

Volviendo al documental y a la música, aparece ‘Camarón de la Isla’. De Lucía habla de él como la persona que revolucionó por completo el flamenco. Según el guitarrista, los ‘cantaores’ anteriores gritaban, y según lo bien que gritasen, eran mejores o peores. Pero ‘Camarón’ cantaba, y lo hacía de una manera espectacular. Esa revolución es la que esperamos en nuestro país, que vengan quienes canten, y creen una Educación de calidad hacia un futuro posible, responsable y decente que, desde luego, no es lo que ahora nos espera.

Alejandro Martín Goizueta
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Alejandro Martín Goizueta

Ingeniero en proceso y músico. Preocupado por la polifacética crisis que vivimos. Soñador imperturbable y seguidor de acordes diferenciados.
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